INDICE

Texto # 1 Texto # 2 Texto # 3 Texto # 4 Texto # 5 Texto # 6 Texto # 7 Texto # 8 Texto # 9 Texto # 10
Texto # 11 Texto # 12 Texto # 13 Texto # 14 Texto # 15 Texto # 16 Texto # 17 Texto # 18 Texto # 19 Texto # 20

 

Fundamentos Doctrinales de la Iglesia Evangélica Internacional
Soldados de la Cruz de Cristo
(Efesios 2:20)

DECLARACIÓN DE FE
Tema #8 El Decálogo

Creemos que los Diez Mandamientos revelan el patrón divino de conducta para la humanidad, por cuanto ellos encierran los principios morales más elevados y puros que la sociedad humana pueda haber conocido. Ellos definen nuestra relación con nuestro Creador y Redentor y nuestro deber para con nuestros semejantes. La desobediencia a los mismos es definida en la Biblia como pecado, por cuanto es transgresión de la ley de Dios. En guardarlos hay grande galardón.

Texto # 1

Revelan el patrón divino de conducta para la humanidad: Éxodo 20:3-17; Eclesiastés 12:13.
Definen nuestra relación con nuestro Creador y Redentor y nuestro deber para con nuestros semejantes: Mateo  22:35-40; Juan 14:15,21.
La desobediencia a los mismos es pecado: 1 Juan 3:4.
En guardarlos hay grande galardón: Salmo 19:7-11; Apocalipsis 22:14.

Click aquí para leer comentario

Introducción
La palabra Decálogo, según el diccionario, es el conjunto de los Diez Mandamientos de la ley de Dios. Estos mandamientos fueron entregados a Moisés en el monte Sinaí bajo circunstancias inusuales que destacan la importancia de los mismos sobre cualquier otra ley. Aunque los libros de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio contienen una gran cantidad de leyes ceremoniales, políticas y religiosas, la ley moral de Dios resumida en el Decálogo posee características que la hacen especial.
En primer lugar, está la preparación que tuvo que hacer el pueblo de Israel durante dos días completos para recibir los diez mandamientos (Éxodo 19:10-15). Ellos debían lavar sus vestidos, alejarse del monte so pena de muerte, aun debían abstenerse de tener intimidad con sus esposas en ese tiempo. Dios estaba impresionando la mente del pueblo a la importancia transcendental de aquello que habría de suceder al tercer día. Incluso sus mismas manifestaciones testificaban que esta ley era superior en muchos sentidos a lo que hasta el momento habían recibido. Los truenos y relámpagos, el fuego y el humo, los temblores y su misma voz (Éxodo 19:16-25) hicieron que el pueblo de Israel comprendiera las implicaciones de lo que estaba sucediendo allí (Éxodo 20:18).
Por otra parte, el Decálogo no fue escrito con instrumentos humanos, sino con el dedo de Dios: Y dió á Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. (Éxodo 31:18) Ninguna otra parte de la ley de Dios fue entregada de este modo, Él mismo dejó esta ley por escrito para señalar la singularidad de este documento que fue entregado a Moisés en el monte Sinaí. Además, esas tablas escritas con el dedo de Dios fueron puestas en un lugar especial, dentro del arca del pacto (Deuteronomio 10:1-5). Ninguna cosa había dentro del arca cuando fueron colocadas en su interior. Luego sería puesto allí un poco de maná, y la vara de Aarón que floreció, pero en el momento en que las tablas de piedra fueron introducidas en el arca allí no había ninguna otra cosa.
Todos estos acontecimientos que rodearon la entrega de los diez mandamientos al pueblo señalan la importancia que Dios da a los mismos, por lo tanto, es necesario prestar una especial atención a lo que nos ordenan. Aunque algunos comentan que han sido abolidos o que solo son para el pueblo de Israel, la realidad es que estos son un reflejo del carácter de Dios y por lo tanto deben ser observados por todos los hombres que han sido creados a su imagen y semejanza.
Desarrollo
Creemos que los Diez Mandamientos revelan el patrón divino de conducta para la humanidad, por cuanto ellos encierran los principios morales más elevados y puros que la sociedad humana pueda haber conocido.

Desde los primeros capítulos de Génesis hasta Apocalipsis la Biblia testifica de que Dios creo todo lo que existe: En el principio crió Dios los cielos y la tierra. (Génesis 1:1) Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas. (Apocalipsis 4:11) Si creemos en estas declaraciones entonces debemos estar dispuestos a aceptar todo lo que ellas implican, y a la primera conclusión que debemos llegar es que, si Dios creó todas las cosas, incluyendo al hombre, Él tiene derecho de establecer las leyes que hacen la diferencia entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. Esta creación es su mundo, y como Él lo creó, tiene la potestad de establecer no solo las leyes naturales, sino también las leyes morales. Toda la creación fue hecha para que exista en función del que al creó, como afirma el apóstol Pablo: Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén. (Romanos 11:36) El hombre no es un ser autónomo, porque el hombre no se hizo solo; es una criatura de Dios, depende de Dios, fue hecha para Dios y, por lo tanto, debe obedecer a Dios.

Ahora bien ¿cuál es la norma o estándar que rige esta obligación de obediencia? Cuando decimos que el hombre debe obedecer a Dios, lo que estamos diciendo es que debe obedecer la voluntad revelada de Dios. Si Él exige que el hombre le obedezca, debemos esperar que haya revelado qué es lo que Él espera del hombre. No sería justo que un rey exija obediencia de sus súbditos, y al mismo tiempo no revele cuál es su voluntad. Y eso es lo que Dios ha hecho. Su voluntad ha sido revelada al hombre, esa voluntad se encuentra disponible en las Escrituras, pero más aún, los deberes morales que allí se imponen han sido resumidos en los diez mandamientos. Estos no entraron en vigor en el monte Sinaí, ni caducaron en el Calvario. Desde el mismo momento en que el hombre fue creado, estos diez mandamientos vinieron a ser el resumen de los deberes morales que Dios exige del hombre como un ser creado. Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros. (Romanos 2:14,15) Este pasaje deja claro que todo hombre, desde la ceración, tiene por naturaleza en su mente el conocimiento del bien y del mal, pues Dios lo puso allí como un patrón de conducta que le guíe independientemente del lugar, época o circunstancia en la que se encuentre.

Si la ley moral hubiese entrado en vigencia en el Sinaí, cuando le fue entregada a Moisés en dos tablas de piedra, y hubiese caducado en el Calvario, cuando Cristo murió en la cruz, no hubiese habido culpa en el hombre antes del Sinaí, como no la hubiese habido ahora después de la obra de Cristo en la cruz. El apóstol dice que donde no hay ley, tampoco hay transgresión (Romanos 4:15); y más adelante añade que no se imputa pecado no habiendo ley (Romanos 5:13). Nadie puede ser acusado de haber violado una ley que no existe o que no está en vigor. Ninguna transgresión a esa ley inexistente o caduca puede considerarse un crimen. Pero había pecado en el mundo antes del Sinaí, como hay pecado ahora, después del Calvario; porque desde el mismo momento en que Dios creó al hombre, su ley moral entró en vigor. Siempre ha sido un pecado violar los diez mandamientos, y continuará siendo un pecado mientras Dios sea Dios y el hombre sea hombre.

Es importante señalar que esta ley encierra los principios morales más elevados y puros que la sociedad humana pueda haber conocido porque son un reflejo del carácter personal de Dios. Él es absolutamente moral y santo, todo lo bueno que puede existir debe medirse según sus atributos porque Él es el estándar. De ahí que su ley es en esencia todo lo que Dios es, y las Escrituras así lo demuestran. Si Dios es santo, justo y bueno, la ley también lo es: De manera que la ley á la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. (Romanos 7:12) Si Dios es perfecto, su ley también es perfecta: La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma… (Salmo 19:7). Si Dios es la verdad, su ley también es la verdad: Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad. (Salmo 119:142). Si Dios no cambia, su ley tampoco: Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. (Mateo 5:18) En fin, sobran los ejemplos para demostrar que la ley de Dios es lo más justo, sabio y perfecto que puede existir en el universo, porque proviene de un Juez y Legislador que tiene como características intrínsecas la justicia, la sabiduría y la perfección.

Ellos definen nuestra relación con nuestro Creador y Redentor y nuestro deber para con nuestros semejantes.

Los diez mandamientos fueron escritos en dos tablas de piedra: Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, las diez palabras; y escribiólas en dos tablas de piedra. (Deuteronomio 4:13) En la primera tabla encontramos los primeros cuatro mandamientos donde se resumen los deberes que el hombre tiene para con Dios:

1- No tendrás dioses ajenos delante de mí. (Éxodo 20:3)
2- No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás á ellas, ni las honrarás… (Éxodo 20:4,5)
3- No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. (Éxodo 20:7)
4- Acordarte has del día del reposo, para santificarlo… (Éxodo 20:8)

Lo primero que hace Dios en el Decálogo es establecer su autoridad suprema sobre todo hombre, y de manera particular sobre sus redimidos. Él se presenta como Jehová, como aquel que subsiste por Sí mismo, que no necesita de nada ni de nadie para Su existencia y Su felicidad: Yo soy JEHOVA tu Dios… (Éxodo 20:2); pero al mismo tiempo como Aquel de quien derivan su ser y subsistencia todos los seres y cosas. Como criaturas racionales, creados a imagen y semejanza de Dios, todo hombre tiene el deber de honrar, amar y obedecer a ese Dios en quien vivimos, nos movemos y somos, como dijo el apóstol Pablo (Hechos 17:28). Los primeros cuatro mandamientos del Decálogo nos indican cómo debe el hombre como criatura manifestar su sumisión, honra, amor y obediencia a Dios.

La segunda tabla encontramos los deberes que el hombre tiene para con el hombre:

5- Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. (Éxodo 20:12)
6- No matarás. (Éxodo 20:13)
7- No cometerás adulterio. (Éxodo 20:14)
8- No hurtarás. (Éxodo 20:1)
9- No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. (Éxodo 20:16)
10- No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20:17)

El hombre no solo tiene una responsabilidad moral con respecto a Dios, sino también con respecto a sus semejantes. Estos seis mandamientos, del quinto al décimo, rigen los aspectos del comportamiento humano que más profundamente afectan a los individuos, las familias, los grupos y la sociedad. El propósito de estos es establecer los principios básicos mediante los cuales es factible tener buenas relaciones interpersonales. Definen con absoluta claridad los aspectos del comportamiento en los que la naturaleza humana crea los obstáculos más grandes para la paz y la colaboración, y nos proporcionan la guía que necesitamos para derribar esos obstáculos.

Esta división ha quedado resumida en dos versículos esenciales: Y Amarás á Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder. (Deuteronomio 6:5) y No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová. (Levítico 19:18) El primero es la referencia a la actitud de amor del hombre hacia Dios y el segundo la actitud de amor del hombre hacia su prójimo. En una ocasión a Jesús le preguntaron ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40). Las dos tablas del Decálogo nos instruyen en una forma concisa en cómo llevar a cabo estos dos mandamientos de amar a Dios y al prójimo.

La desobediencia a los mismos es definida en la Biblia como pecado, por cuanto es transgresión de la ley de Dios.

Dios escribió ley moral en el corazón de Adán desde el mismo momento en que fue creado, y aunque el hombre se reveló contra Dios, y quedó moral y espiritualmente dañado por causa de su pecado, aun así, todos los hombres muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, aun aquellos que no tienen acceso a una Biblia, ni han leído nunca los diez mandamientos. Aunque poseen un entendimiento distorsionado de lo bueno y lo malo, se pude ver la influencia general de la ley moral de Dios en las cosas que los hombres aprueban y desaprueban. Por esta razón todas las violaciones cometidas contra los diez mandamientos antes de que fuesen puestos por escrito y entregados a Moisés en el Sinaí, todas esas transgresiones fueron consideradas como pecados.

En el Nuevo Testamento hay dos palabras que se refieren al pecado. Una es hamartima que quiere decir “errar al blanco”, esta es la palabra que se utilizada por Pablo al indicar: Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios… (Romanos 3:23). Esto quiere decir que todos los hombres de una manera u otra han fallado en su intento de cumplir y obedecer cabalmente la ley de Dios. La otra palabra es parábasis que significa “traspasar una línea prohibida”: Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley. (1 Juan 3:4). Esto quiere decir que se comete pecado al quebrantar cualquiera de los mandamientos, cruzando la línea de lo bueno y lo malo que este delimita. En otras palabras, el pecado es la falta de conformidad a la ley moral de Dios ya sea por hecho u omisión. El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace. (Santiago 4:17)

Ahora bien, no solo se comete pecado cuando se realiza una acción explícita en contra de los mandamientos de Dios o se deja de realizar algo que el mandamiento ordena. Es posible pecar aun cuando existe una disposición del corazón a realizar aquello que está prohibido. El mejor ejemplo en este aspecto lo tenemos en la vida de nuestro Señor Jesucristo y las aclaraciones que hizo a los fariseos en el Sermón del Monte acerca de la forma en que estos interpretaban los diez mandamientos. Estos tenían una forma muy peculiar de interpretar las Escrituras. En vez de acomodarse a los estándares de la ley, ellos preferían acomodar la ley a sus posibilidades, y de ese modo pretendían obedecerla a la perfección. La ley fue dada por Dios no sólo para mostrar al hombre cuál era la norma de santidad requerida por Él, sino también para enseñarles que en sus propias fuerzas no podían llenar la medida que Dios demanda de ellos. La ley mas bien muestra la impotencia del hombre pecador, y de ese modo lo guía a buscar humillado la misericordia de Dios. Ese era el propósito primario de la ley, pero la manera en que los fariseos interpretaban la ley obraba en sentido contrario; la ley de Dios no los humillaba, sino que los ensoberbecía. Como habían rebajado el alcance de sus demandas, se sentían justificados como si realmente estuviesen cumpliendo la ley.

En el capítulo 5 del Evangelio de Mateo, a partir del versículo 21, el Señor muestra a estos hombres el grave error que estaban cometiendo; y lo hace a través de 6 ejemplos específicos que aparecen en la ley. Por ejemplo, tenemos la interpretación que los escriban y fariseos daban al sexto mandamiento: “No matarás”. Ellos reducían el alcance del mandamiento al homicida literal, pero el Señor Jesucristo les hace ver que ese mandamiento llegaba más lejos: todas las facultades como seres humanos estaban contempladas en el mandamiento: el enojo del corazón, las palabras que salen de los labios en un momento de enojo descontrolado, estas cosas constituyen una violación del sexto mandamiento, aunque no lleguen a materializarse en una acción homicida. Dios juzga eso como homicidio: Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego. (Mateo 5:21,22). Y lo mismo hace el Señor con el adulterio y con el divorcio. La interpretación farisaica era deficiente, y así también era su justicia: Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 5:20). La justicia de estos hombres dejaba mucho que desear, y ahora el Señor está poniendo al pueblo en alerta al respecto: Oísteis que fue dicho… Mas yo os digo. (Mateo 5:21-44)

Cristo no vino a contradecir a Moisés, porque el Dios de Moisés es el mismo Dios y Padre del Señor Jesucristo. El Dios que se revela en el Antiguo Testamento es el mismo que se revela en el Nuevo Testamento; pero el Señor se encarga en estos ejemplos de dar una visión apropiada del alcance real de las palabras contenidas en el Decálogo. Él puso tanto empeño en que las palabras de la ley fuesen correctamente comprendidas porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. (Romanos 7:7) Si los fariseos hubiesen interpretado correctamente la ley, se hubieran dado cuenta de que en verdad eran asesinos, eran adúlteros, mentirosos, etc. Una interpretación deficiente de la ley, lleva a una visión deficiente del pecado; y una visión deficiente del pecado no permitirá al hombre comprender qué tan profundo es su problema, y qué tan necesitado está de un Salvador.

En guardarlos hay grande galardón.

Guardar los diez mandamientos no salva al hombre pecador, ni ninguna cosa que pueda hacer por sí mismo. La salvación es por gracia por medio de la fe (Efesios 2:8); pero todo aquel que ha sido salvo por medio de la fe, muestra la realidad de su fe a través de una obediencia gozosa a la voluntad de Dios. El apóstol Juan en la revelación escuchó al ángel hablar acerca de los santos describiéndolos con estas palabas: Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús. (Apocalipsis 14:12). Ellos tienen fe en Jesús, han sido salvos por medio de esa fe, y consecuentemente guardan los mandamientos de Dios: Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él; Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. (1 Juan 2:3-5). En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y guardamos sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos. (1 Juan 5:2,3) Para el mundo los mandamientos de Dios son gravosos, pesados, una carga insoportable de la que sería mejor librarse; pero el creyente ha vencido al mundo, ha tenido victoria sobre esa forma de pensar del mundo y, por lo tanto, para él los mandamientos de Dios no son gravosos, sino un deleite.
David encontró en la ley de Dios una delicia y perfección sinigual, por eso al referirse en uno de sus salmos a la bendición que representaba para su vida el poder ser instruido, guiado y amonestado por los preceptos de Jehová dijo: La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma: El testimonio de Jehová, fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos: En guardarlos hay grande galardón. (Salmo 19:7-11) Salomón con toda su sabiduría y riqueza pudo disfrutar de los deleites de la vida como ningún otro hombre en la historia del mundo, pero ninguno de los placeres mundanales pudo llenar realmente la necesidad de su corazón, así que educado por los tropiezos de su peregrinar escribió: El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. (Eclesiastés 12:13).
No obstante, es importante prestar atención a las motivaciones que llevan a una persona a obedecer los mandamientos de Dios. No debe ser el temor al infierno ni el anhelo de la gloria el único impulso a la obediencia, si bien estos dos aspectos pueden despertar el interés de un individuo por las cosas de Dios, no pueden ser la razón definitiva para guardar los preceptos divinos. Jesús no les dio a sus discípulos otro motivo para obedecerle sino el amor. Si me amáis guardad mis mandamientos (Juan 14:15) es la sentencia de todas las motivaciones que nos pueden llevar a guardar los estatutos de Dios. Además, añadió: El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. (Juan 14:21-24). El cumplimiento de la ley es el amor; el apóstol Pablo escribió a los hermanos de Roma: No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás: y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad. (Romanos 13:8-10).
Algún día todos los hombres que han vivido sobre esta tierra serán juzgados, y la norma por la cual serán pesadas las acciones de cada uno será la ley moral de Dios resumida en el Decálogo. ¿Qué destino les espera a los que no obedecieron? El Señor Jesús dijo: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. (Mateo 7:21-23) Estos hombres creían que eran fieles, estaban envueltos en toda una serie de actividades relacionadas con la religión que profesaban, pero aun así se perdieron. Cristo les llama en el texto: “…obradores de maldad”; ¿cuál era su maldad? ¿cómo se manifestaba en un sentido práctico la maldad de estos hombres? La palabra que se usa aquí y que se traduce como “maldad” es anomia, que literalmente significa “sin ley”. Estas personas profesaban ser cristianas, pero no mostraban estar sometidos a la voluntad de Dios revelada en su ley; no se veía en ellos un esfuerzo consciente por obedecer a Dios; no experimentaban hambre y sed de justicia, ni un deseo ferviente de ser cada vez más santos. Por otro lado, la bendición y felicidad de aquellos que procuraron conscientemente, por amor a su Señor, obedecer todos los preceptos recogidos en las Escrituras, gozarán de las mansiones eternas preparadas para ellos desde antes de la fundación del mundo. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad. (Apocalipsis 22:14)
Conclusión
Dios es el Creador de todas las cosas y como tal tiene derecho a legislar sobre todas las cosas que Él ha creado. Así como ha puesto leyes físicas que rigen el universo físico, así también ha dado leyes morales que rigen el mundo moral (Romanos 11:36). Dios ha legislado, y el hombre como criatura de Dios debe someterse a dicha ley, y así debe ser mientras Dios continúe siendo Dios y el hombre continúa siendo hombre. Esa ley fue puesta en el corazón de Adán en el mismo momento en que fue creado y a pesar de la caída, la obra de esa ley continúa operando en el corazón de los hombres; de modo que aun aquellos que no conocen la Palabra de Dios, ni han leído nunca los Diez Mandamientos, manifiestan en una forma muy evidente la influencia de esa ley obrando en ellos en sentido general (Romanos 2:14,15). Esta ley fue codificada, puesta por escrito por el dedo de Dios en dos tablas de piedras, y entregadas a Moisés en el Sinaí (Éxodo 31:18), en medio de un conjunto de eventos extraordinarios que colocan el decálogo en una categoría aparte con respecto al resto de la ley mosaica (Éxodo 19:10-25). La llegada de Cristo y Su obra redentora en la cruz del Calvario de ningún modo anula la relevancia la ley moral (Mateo 5:17). Los Diez Mandamientos continúan siendo el resumen de lo que Dios exige de cada una de sus criaturas como seres morales; ese es el estándar de justicia por el que todo hombre será juzgado algún día (Apocalipsis 20:12), y la norma de vida que debemos seguir si se quiere agradar a Dios (Juan 14:21-24).

 

 

 

El decálogo
Anotaciones

 

Comentario # 1

Juan 14:15,21: Por inferencia se pudiera admitir que Jesús esté hablando aquí del Decálogo. Pero en el contexto donde están estos textos Jesús no está tratando sobre el Decálogo, sino sobre “sus mandamientos”; los que Él les había dado a sus discípulos en su ministerio con ellos.

Esto lo podemos corroborar si leemos un poco más adelante, en Juan 15.10-12: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo. Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.

La traducción literal del griego al español según este interlineal, hace referencia clara a que Jesús está hablando de “sus mandamientos”:

Sugiero que dejemos como respaldo nada más que el primer texto.

Click aquí para retornar

 

 

Apocalipsis 22:14: Este texto no tiene nada que ver con el Decálogo. Tampoco a la luz del Ministerio de la Gracia se puede afirmar que “lavar las ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad” se refiera a guardar el Decálogo. La observancia de la Ley de Dios es el resultado y la evidencia de haber sido salvado por gracia; no el medio o el recurso para ser salvado. Prefiero quitarlo y dejar sólo el anterior.

la ley moral de Dios: No veo que haya forma de demostrar que existe una separación en la ley de Dios, y que una es moral y la otra es ritual. Esta división la formularon los adventistas aduciendo que las tablas fueron puestas dentro del arca y el libro fue puesto fuera del arca. Pero eso no indica que una ley sea moral y la otra sea ritual, porque en los dos casos (las tablas y el libro) hay leyes morales y hay leyes no morales.
Por ejemplo: el sábado no tiene que ver con la moralidad. Es un día dedicado a acciones externas de celebración, de fiesta y de comunión espiritual con Dios; pero no tiene nada que ver con los problemas morales del hombre. Sin embargo, en Levítico y otros libros hay leyes que sí tienen que ver con la moralidad o la moral: leyes sobre el incesto, la fornicación, el adulterio, el robo, etc.

Para mí la ley de Dios es una sola, que obviamente tiene enunciados morales, rituales, civiles, políticos, hasta ecológicos (Dt. 22.6,7).

Por eso sugiero cambiar esta frase de la siguiente manera: Las exigencias legales de Dios están resumidas en los Diez Mandamientos, y esto hace que el Decálogo sea algo especial.

La frase “ley moral” aparece varias veces en este trabajo, sugiero cambiarla en todos los casos por “ley de Dios” o simplemente “ley”.

Aunque algunos comentan que han sido abolidos o que solo son para el pueblo de Israel: No siempre nosotros entendemos bien lo que dicen otros cristianos sobre los Diez Mandamientos. Ellos nunca dicen o van a decir que están abolidos. Lo que ellos dicen que está abolida es la observancia del sábado; pero ese es un solo mandamiento. Ningún cristiano (protestante, ni siquiera católico u ortodoxo) va a decir que está abolido el “no matarás”, “no cometerá adulterio”, etc.

Sugiero que se elimine esa frase que sólo es un comentario intrascendente para el tema.

hamartima: La correcta pronunciación de esta palabra en griego es jamartía.

esta es la palabra que se utilizada por Pablo al indicar: La palabra anterior (jamartía) es un sustantivo. La palabra que Pablo usa en Romanos 3.23, es el verbo jamartáno, no es el sustantivo jamartía.

Por todo eso me parece que debiera cambiarse toda la oración y que dijera de esta manera:

En el Nuevo Testamento hay dos palabras que se refieren al pecado. Una es jamartano que quiere decir “errar el blanco”, esta es la palabra que es utilizada por Pablo al indicar:

Es posible pecar aun cuando existe una disposición del corazón a realizar aquello que está prohibido: No es así en todos los casos. No creo que sea correcto generalizar por dos mandamientos específicos que el Señor menciona: No matarás y no cometerás adulterio. En el primer caso es verdad que el Señor establece como pecado el sentir enojo o pronunciar palabras de ofensa. En el segundo mirar con deseos codiciosos a una mujer también es pecado. Pero el Señor no dice que tener deseos de robar también es un pecado. Creo que en los demás casos de la violación del Decálogo se debe hacer una distinción entre pecado y tentación. También existe la tentación que el buen cristiano rechaza y que no se convierte en un pecado. Creo que en esta explicación del Decálogo debemos dejar como pecado del corazón los dos mandamientos que el Señor amplió y el décimo mandamiento que prohíbe la codicia. No es nuestra misión aquí hacer una definición general del pecado, sino comentar los Diez Mandamientos.

Por eso creo que la frase debiera decir: En algunos de estos diez mandamientos es posible pecar, aun cuando existe una disposición del corazón a realizar aquello que está prohibido.

lo hace a través de 6 ejemplos específicos: No aparecen 6 ejemplos sobre el Decálogo en el Sermón del Monte, sólo aparecen dos: No matarás y no cometerás adulterio.

y con el divorcio: El divorcio no está en el Decálogo. Por lo tanto no veo porqué tiene que deba aparecer aquí. Creo que debe suprimirse y que aparezca nada más que: Y lo mismo hace el Señor con el adulterio.

(Mateo 5:21-44): Aquí debiera ser Mateo 5.21-30

eran asesinos, eran adúlteros, mentirosos, etc.: Volvemos a lo mismo: la mentira ni otros etcéteras están contemplados en el Decálogo. No estamos definiendo el pecado, estamos comentando los Diez Mandamientos. Por eso creo que la frase debiera decir: Si los fariseos hubiesen interpretado correctamente la ley, se hubieran dado cuenta de que en verdad eran asesinos y adúlteros.

la caridad de Dios: Sería importante si pudiéramos lograr que todas las citas textuales que se hacen de la Biblia en estos trabajos fueran de otra revisión de la Reina-Valera después de la de 1909. Ya esta revisión tiene más de un siglo de existencia, y ese español ha cambiado mucho. Yo propondría la de 1995.

(1 Juan 2:3-5): Este texto no se refiere al Decálogo. La frase del versículo 6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”, refleja que Juan está hablando del mandamiento de Cristo. Por eso es que en el versículo 7 escribe así: Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

Creo que debía suprimirse.

(Romanos 11:36): Este versículo no tiene nada que ver con lo que se está diciendo. Está sacado de contexto. Aquí Pablo está alabando a Dios no por leyes naturales o leyes morales, sino por lo que ha hecho con Israel y los gentiles. Creo que debía suprimirse.

colocan el decálogo en una categoría aparte con respecto al resto de la ley mosaica: No me parece que el Decálogo tenga una categoría aparte del resto de la ley de Dios. Si bien es cierto que su recepción estuvo rodeada de eventos extraordinarios, eso no le da una “categoría superior”; le da una distinción, lo hace distinto en su recepción de las demás leyes. Pero de esas otras leyes hubo algunas que Moisés recibió y escribió en el Monte Sinaí durante los 40 días que estuvo a solas allí con Dios, cuando llevó las tablas de piedra que había hecho (Éxodo 34.1-28). De igual manera recibió en el monte el modelo del Tabernáculo (Éxodo 24.40). Según el contexto de Éxodo 31.18, tal parece que Dios le dijo a Moisés muchas otras cosas durante los 40 días en el monte, además de la darle los Diez Mandamientos en las tablas de piedra. Además de que los mandamientos del Decálogo se amplían, se explican y se aplican en muchas otras leyes mosaicas.

Por eso me parece que la frase debía eliminar la idea de una “categoría superior” y establecer una distinción. Pudiera decir: “…en medio de un conjunto de eventos extraordinarios que distinguen al Decálogo con respecto al resto de la ley mosaica.”

(Apocalipsis 20:12): Este versículo está usado fuera de contexto. Aquí lo que está escrito en los libros no es la ley de Dios, sino las obras que los hombres hicieron. Debía suprimirse este texto.

(Juan 14:21-24): Volvemos a lo mismo, este texto no se refiere al Decálogo. Se refiere a los mandamientos de Cristo en sentido general. Si lo queremos citar debía decir así el comentario: “… y la norma de vida que debemos seguir si se quiere agradar a Dios, como se es obediente a las palabras de Cristo por amor a Él (Juan 14.21-24).